jueves, 10 de diciembre de 2009

La Sastrería del Mundo

*Nota: La imagen es autoría de Brian Froud y está registrada. Únicamente se ha utilizado para acompañar el relato, sin ningún otro objeto.

Hola amigos, tenía muchas ganas de escribir algo sobre hadas. Este cuento lo he escrito pensando en una amiga que me ha inspirado un personaje:"Alassie", ama y señora de http://www.costureroreal.com/, ¡espero que te guste! un beso y gracias por esevestido maravilloso.


LA SASTRERÍA DEL MUNDO (Cuento de género fantástico)


Aunque mis manos estén ahora agrietadas por el paso del tiempo y mi mente pierda lucidez por momentos, aún mantengo nítido el recuerdo de lo que me aconteció aquel día de Navidad en la ciudad de Brujas. Fue algo que jamás olvidaré hija. Acomódate en el balancín y bébete el té con canela si deseas oír una historia que llevo en el corazón y que nadie creería.


Me encontraba en la ciudad de Brujas de vacaciones. Había decidido pasar allí las fiestas de Navidad junto a mi amiga Emily. Una tarde paseaba por las calles del casco antiguo. Emily no me había acompañado porque estaba cansada de caminar y se había quedado en el hotel.
Atravesé varios callejones y de pronto me di cuenta de que me había perdido. Abrí la mochila dispuesta a sacar un pequeño mapa que había comprado en un kiosco, pero me lo había dejado en la habitación del hotel. Continué caminando con la esperanza de reconocer alguna de las calles por las que ya había transitado, pero todas me parecían desconocidas. Al final de una de ellas descubrí un pequeño puente de madera que cruzaba un canal, atravesando la ciudad.


Decidí subir a él para poder ver la otra parte de Brujas, pero al llegar al otro lado quede desconcertada, pues ante mí se abría un estrecho callejón oscuro, sucio y pestilente. Caminé hacia su interior con la esperanza de encontrar pronto una salida, pero apenas podía ver el suelo ya que una única farola alumbraba todo el callejón emitiendo una luz tenue. Entonces decidí pararme en aquel punto y regresar por el camino por el que había llegado al callejón, pero algo me detuvo. Sentí que alguien agarraba mi tobillo izquierdo con fuerza. Era una mujer anciana,  sentada en el suelo. Su piel morena y arrugada estaba tiznada por grasa y aceite que parecía expandirse también sobre sus largos blancos cabellos que quedaban recogidos en un moño a la altura de la nuca. Sus ojos vidriosos se clavaron sobre mí como cuchillos afilados y al momento pronunció unas palabras en un idioma que yo no comprendía.

Fue tal la impresión que me provocó ver su cara, que asesté una patada con fuerza para librarme d eella y no tuvo más remedio que soltarme. Al hacerlo frunció el ceño y emitió de nuevo palabras en aquel idioma elevando su tono de voz. Juraría que me estaba lanzando una de las peores maldiciones imaginables. Al ver que se ponía en pie y tenía intención de acercarse más a mí, empecé a correr hacia el interior del callejón. A mano derecha, se amontonaban sobre el suelo tres borrachos cuyos rostros denotaban una expresión de felicidad absoluta. En el lado contrario se habían dispuesto dos enormes cubos de basura cilíndricos que desprendían un olor fétido. Dos gatos relamían restos de basura en el suelo.


La anciana se acercaba cada vez más. De pronto me di cuenta de que el callejón no tenía salida y me desesperé al ver que la mujer se aproximaba hacia mí sosteniendo un bastón en su mano derecha en actitud amenazante. Fui hacia los cubos de basura y tras ellos descubrí que se abría una pequeña puerta metálica que comencé a aporrear con insistencia. Al no recibir respuesta, volví a llamar hasta que finalmente alguien abrió. Ante mí apareció una joven y hermosa mujer. Al verla, expliqué con desespero que me encontraba en peligro. La joven hizo un gesto invitándome a entrar y me serené al oír que la puerta se cerraba detrás de mí. A continuación pudimos escuchar cómo aquella anciana aporreaba la puerta metálica.

-Veo que la vieja Mery te persigue, ¿no le has dado una limosna? Bueno si se la das es peor porque no te dejará en paz -dijo la mujer sonriendo.
-No llevaba nada suelto encima -respondí, sin saber muy bien que decir.

La bella mujer vestía como una princesa recién salida de un cuento. Lucía un vestido de seda verde ornado con ricos bordados dorados y mangas acampanadas. Su pálida tez, sonrosadas mejillas y una larga cabellera azabache que caía sobre sus hombros dulcificaban sus rasgos y acentuaban su belleza. En la mano derecha sostenía una aguja enhebrada con hilo plateado, y llevaba colgado del cuello un metro. Pensé que debía ser modista.


El interior del lugar donde me encontraba ofrecía un aspecto lujoso y mágico. Era un antiguo taller de costura en el que cada detalle parecía haber sido estudiado con esmero y dedicación. En las paredes se habían dispuesto varios estantes de madera ornados con detalles rococó en relieve donde lucían las telas más hermosas e inusuales que he visto jamás. Los hilos con los que estaban hechas no los había visto nunca antes. Una parte de la pared estaba forrada de bocetos donde aparecían dibujados patrones y trajes de diversos estilos: renacentistas, medievales, barrocos, modernos….Aunque todo aquello llamaba mucho mi atención, lo que más me impresionó fue un maniquí de madera en el centro de la sala, sobre el que había un vestido que por su forma, color y materiales con los que estaba cosido me atrevería a decir que no podía ser obra de ningún ser humano. Nunca había visto algo semejante. La tela, de un color entre azulado y verde muy brillante, se asemejaba al terciopelo pero era mucho más fina. Las mangas acampanadas estaban bordadas en los extremos formando dibujos espirales, ondas y estrellas. Ornaba el vestido un cinturón realizado a base de hojas de alguna planta desconocida semejante a la hiedra. En la parte posterior del vestido, sobre los hombros del maniquí nacían dos enormes alas blancas.


-Que maravilla! -Exclamé al verlo.


-¿Te gusta? Lo hice para el hada Sirph- contestó la mujer.


Al escuchar aquello creí que estaba rematadamente loca, pero que equivocada estaba…


-¿Quién eres tú? -Pregunté.


-Me llamo Alassie, bienvenida a mi taller: "la Sastrería del Mundo", un punto situado entre el cielo y la tierra; un lugar oculto al que solo llegan aquellos que se pierden y los que lo hacen no siempre son capaces de dar conmigo-dijo sonriendo-. Has tenido suerte al encontrarme hoy aquí, pues dedico gran parte del tiempo a viajar y repartir encargos. En este taller coso y confecciono los trajes y creaciones más extraños que puedas imaginar, creo telas nunca vistas. Recibo encargos de todo el mundo y alguno de fuera de él. El vestido azul es para Sirph, el hada del bosque de Grum.

En aquel momento me quedé sin habla. ¿Estaría bromeando o me tomaba el pelo?, ¿un vestido para un hada?

-Se que no puedes creerme, por eso te pido que te acerques al traje azul que lleva el maniquí. Este traje lo confeccioné para un Sirph, fue un encargo a su gusto. Pronto vendrá a recogerlo, y tiene que estar perfecto. Hazme un favor, ¿por qué no te lo pruebas?

-Claro -Contesté, ¿por qué no iba a hacerlo?, no todos los días podía probarme el traje de un hada, además era tan bonito que quise vermelo puesto.

Al ponermelo, noté que algo se insertaba a mi espalda, como si de ella brotaran raíces; eran las alas blancas que tenía detrás. Estaban naciendo de mí. La sensación fue muy extraña pero nada dolorosa. De pronto observé que mis pies se elevaban del suelo y al momento perdí la conciencia.

Dsperté tendida sobre un lecho de hojas de hiedra, en medio de un bosque. Era de noche y a mi alrededor no había nadie. Mi única compañía era el silbido del viento que se colaba entre los árboles. Algo rozó mi hombro y me asusté. frente a mí descubrí a una mujer alada cuya belleza me atrapó al primer golpe de vista. Sus enormes ojos verde esmeralda podía traspasar el alma de cualquier mortal. tenía las mejillas rosas y labios carnosos. Vestía una túnica blanca ornada con bordados de plata, y de su espalda nacían dos alas cais transparentes de gran tamaño.


-¿Qué hace una humana con el vestido de la Reina? -Preguntó el hada.


No supe que contestar en aquel momento, era tal la emoción que me embargaba que apenas podía hablar.

-¡Quítatelo antes de que llegue o se enfadará! -

-A….Alassie dijo que me lo probara -explique tartamudeando.

-No puedes estar aquí, aún no sé cómo pudo permitirlo -dijo el hada. Devuélveme el vestido por favor, antes de que llegue Sirph -.

Entonces me lo quité. Me acerque a ella y se lo entregué. El hada, en señal de aceptación hizo una reverencia y sacó un objeto de su túnica, un anillo que colocó en mi dedo índice. Explicó que estaba hecho de cabellos de hada y que daba suerte a aquel que lo llevara. Poco después de pronunciar aquellas palabras caí de nuevo inconsciente y desperté en el taller de Alassie de pie, frente a aquel vestido del hada Sirph, que continuaba colocado sobre el maniquí.

-Debes marcharte ahora, la anciana ya no está fuera, ¡regresa! y no le digas a nadie dónde has estado -Ordenó Alassie.

Obedecí. Fui hacia la puerta sin poder creer todo lo que había visto y vivido. Al salir me encontré de nuevo en aquel callejón oscuro y pestilente. Mire hacia el puente y decidí cruzarlo para volver a la otra parte de la ciudad, pero antes de hacerlo dirigí la mirada hacia la puerta metálica. Había desaparecido, y en su lugar se levantaba un muro de piedra. Continúe mi camino.

-Nadie creyó aquella historia jamás, pero tengo la certeza de que fue real. Aquí tienes la prueba dijo ella mientras abría la palma de la mano de su hija y colocaba en su dedo índice el anillo hecho con cabellos de hada. 

Reacciones:

6 comentarios:

  1. Bonito relato. Parece un sueño, aunque lo de la vieja persiguiendo por los callejones es de pesadilla, jeje.

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  2. querida, es el regalo mas bonito que me han hecho nunca.

    gracias, de verdad, gracias de corazon

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  3. Hola Lola,
    Gracias por el comentario. Lo de la vieja es de pesadilla jej, la verdad es que me inspiré en una persona real para el personaje porque el otro día cuando aparqué el coche me apareció una mujer en la ventana, debía ser una homeless, y no sé que me dijo..pero el susto que me llevé fue grande, y creo que inconscientemente salió de ahí jeje.
    Un abrazo

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  4. Alassie,
    Me alegro que te guste, ya sudaba yo tinta china jeje. No sabía si te gustaría. Y toda la historia salió desde el momento que vi aquella foto del vestido azul en el taller tuyo:)

    Un abrazo guapísima!

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  5. Entrañable cuento. Me gustó sobre todo el final. Tengo una hija ¿sabes?, ojalá hubiera tenido entonces "un anillo de cabellos de hada" para entregarle cuando le contaba cuentos antes de dormir.¡Dios! eso significaría que habría visto a la anciana chiflada del callejón... ¡Mejor, déjalo!; nunca he sido amante de las joyas...

    Un fuerte abrazo.
    MiánRos

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  6. Hola MiánRos, ¿tienes una hija? yo tengo un nene de un añito:) jjaja, lo de la vieja os ha impactado jjj.

    Un abrazo!

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